Cartas Familiares y algunos otros Opusculos en prosa y verso "Miguel de Santander"

Publicado en por Libros de Coleccion































Cartas Familiares y algunos otros Opusculos en prosa y verso "Miguel de Santander", 1805.

(Santander, 1744 - Santa Cruz de Iguña, Santander, 1831). Orador sagrado, obispo auxiliar de Zaragoza. Su nombre de pila fue Joaquín Suárez Victoria, que, al tomar el hábito en Alcalá de Henares (1764), cambió por el de Miguel de Santander. Fue considerado, un gran predicador e infatigable misionero, e influyó notablemente en la renovación de la oratoria sagrada de su tiempo, aunque más tarde sería relegado al olvido por su actitud ante los franceses.

El arzobispo de Zaragoza y paisano suyo, Ramón de Arce Buscar voz..., «godoísta» y afrancesado Buscar voz... como el P. Santander, lo propuso (1803) a Carlos IV Buscar voz... para obispo auxiliar y gobernador eclesiástico de su diócesis, en donde desplegaría una intensa actividad pastoral, predicando sin desmayo, dirigiendo ejercicios espirituales a sacerdotes y religiosos, misionando los pueblos y haciendo la visita pastoral a toda la diócesis. En medio de esta actividad le sorprendió la guerra y se refugió en la casa parroquial de Valdealgorfa (T.), asaltada por soldados tortosinos y valencianos que no respetarían su dignidad episcopal. No estuvo, pues, en Zaragoza durante los Sitios . Pero cuando se rindió esta ciudad a los franceses, el P. Santander aceptó los hechos consumados y regresó a su sede con el ánimo de llegar cuanto antes a una inteligencia con los invasores. A su requerimiento, ofició un Te Deum. Suchet lo nombró comisario regio eclesiástico de Aragón y José I  lo condecoró con la Orden Real de España. También sería elegido para cubrir la sede vacante de Huesca, de la que sin embargo no tomaría posesión hasta llegar a un acuerdo con su cabildo catedralicio. A mediados de ese mismo año 1810, recibiría el nombramiento de arzobispo de Sevilla. Su actuación durante la guerra le acarreó la persecución y la infamia y tuvo que retirarse a Francia con los ejércitos napoleónicos. Fue atacado duramente por el P. Manuel Martínez en su libro Los famosos traidores refugiados en Francia, convencidos de sus crímenes (Madrid, 1813), a lo que respondió con unas interesantes Apuntaciones para la apología formal (Montpellier, 1817). Las ideas afrancesadas del P. Santander, tal y como las expone, por ejemplo, en su obra El Cura en el Tribunal de los Sabios (Zaragoza, 1814), no implican de suyo ninguna traición y lo cierto es que se mantuvo en una cierta distancia e indiferencia ante el intruso José I; su colaboracionismo parece apoyarse más bien en una política realista o posibilista. Con la amnistía de 1820 pudo regresar de Francia para fijar su residencia en el pueblecito de Santa Cruz de Iguña, donde continuaría su trabajo literario hasta su muerte. Fue enterrado en la iglesia de los dominicos de Caldas de Besaya.

Etiquetado en Libros de mi Coleccion

Comentar este post